Luego de que comenzó a sentir síntomas extraños en su cuerpo, Abner Chávez pidió una consulta médica para averiguar que estaba pasando.
Un ultrasonido reveló una mancha, por lo que fue dirigido a un urólogo inmediatamente. Después de varios estudios, radiografías, ultrasonidos, se mostró el diagnóstico final: un tumor.
Eso desconcertó por completo a Abner, una cirugía inmediata era necesaria, el cáncer que tenía era muy agresivo y quedaba poco tiempo. Así que después del pesar del impacto recibido por esta noticia, Abner fue a un hospital en busca de otra respuesta.
Y allí ratificó el diagnóstico: el cáncer estaba muy avanzado y había que quitarlo rápidamente. Él había buscado una segunda opinión porque tenía la esperanza de que el primer médico se hubiera equivocado.
El cáncer de Abner era uno de los más difíciles de tratar. Es un cáncer que invade y hace metástasis de una manera muy violenta, de una manera muy rápida porque su desarrollo de multiplicación neoplásico hacia otros órganos es de manera constante.
En su angustia y a pesar del diagnóstico médico, Abner acudió a otra persona con la esperanza de encontrar la ayuda que realmente necesitaba.
Desde las primeras sospechas él había comenzado a hablar con Dios, sabiendo que los milagros si existen. Así que las conversaciones constantes con Dios siguieron, y confiado en la intervención divina, Abner fue a la operación que determinaría el tratamiento a seguir.
Cuando fue dado de alta, el médico le dio una buena noticia: el cáncer no había invadido ningún otro órgano; ya no era necesario hacer radioterapia, ni quimioterapia porque el cáncer no avanzó. Entonces Abner supo que allí hubo algo extraordinario, que la mano de Dios no había dejado que ese cáncer invadiera su cuerpo.
Su recuperación fue asombrosa. Abner había aprendido que a pesar de su difícil situación, alguien siempre tuvo el control y nunca lo dejó solo.
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